Aunque un tanto tambaleante en sus ángulos cinematográficos, Inesperado es una viñeta visual fascinante. Una muerte y un funeral no son tropos inusuales en la historia de las películas, sin embargo, los productores de cine buscan una cinematografía dramática inspirada en representaciones teatrales para hacerla fresca y divertida para los espectadores.

La película lo hace prefiriendo un tono fantasioso a un tono sombrío; en todo, desde la cámara a la música, a la puesta en escena. La cámara casi prefiere exclusivamente tomas de seguimiento y paneo que demoran el ritmo más de la tradicional. Es probable que no hubiera sido tan exitosa para atraerlo a uno sin este método. Pero conforme la cámara se mueve continuamente en la habitación del hospital y en el funeral, no puede uno dejar de sentirse intrigado. La voz dramática de la primera canción reverbera a través de los confines más pequeños de la habitación del hospital (y más tarde los sonidos de las marimbas suenan como cascadas a lo largo del velorio), que está compuesto por la brillantez de los actores. Estos actores aparecen colocados como estatuas o figuras de una pintura. Desvía la realidad a una realidad alterna surreal que es fascinante. También, la luz blanca en el hospital – que se utiliza otra vez con las luces de los autos al final – es tan dramática como lo sería en una obra de teatro.
Una interpretación de la naturaleza dramatúrgica de la película es que desea trascender la vida/muerte melancólica a algo más imaginativo. Imagina tanto la vida como la muerte como algo sublime y espectacular.

Sin embargo, demorarse demasiado en una escena presenta un riesgo. Específicamente, en la escena del hospital, sigue/panea otra vez hacia el padre y parece como si estuviera intentando recuperar el foco de la cámara, lo que saca al espectador de la historia. Cuando todas las personas empiezan a llegar al funeral, hay demasiadas acciones cortadas intercaladas con las tomas de seguimiento. Esto le da a la escena el tono vibrante y bullicioso que probablemente busca, pero algo de esto se percibe como cortado. No obstante, Inesperado, es un espectáculo de altura en la manera de películas como El Imaginario del Doctor Parnassus, irónicamente imbuido con la alegría de vivir, en oposición a la pantomima de la vida.

Inesperado: entre el duelo y la solidaridad

Por Juan Amael Vizuet
BAZAR DE LA CULTURA

“La música, la buena música, ésa será la voz del cine”, dijo alguna vez David Wark Griffith. La llegada del sonido no desmintió al gran director: todo buen cineasta sabe cuándo deben cesar los diálogos para dejarle el paso a las partituras. Tal es una de las virtudes de Inesperado (México, 2018), ópera prima de Jorge A. Zorrilla, que se presentó en función especial el miércoles 26 de junio en la capital mexicana.

Dios nunca muere es el leitmotiv del cortometraje; las variaciones sobre el vals de Macedonio Alcalá expresan cada vivencia de los protagonistas; establece asimismo el ritmo melancólico y contenido de la acción. El montaje y la música establecen el tono evocador, reflexivo de la anécdota.

Inesperado aborda el proceso de la agonía, la despedida definitiva y el duelo dentro de una familia; un tema universal y eterno. Lo hallamos en la Biblia y en la Eneida. Mas, en este caso, al luto se suman la pobreza sin posibilidades de progreso, la enfermedad y la conciencia de un futuro sin porvenir para el más joven del linaje.

La película se base en un hecho real; lo relata con sobriedad respetuosa: el anciano Antonio (Dimas González) junto a Joaquín (Luis Eduardo Frías), su hijo con discapacidad, asiste al velorio de quien fue esposa y madre.

Las expresiones faciales, las miradas y el vals relatan el trance de los protagonistas. La ausencia de diálogos confiere a la cinta esa cualidad etérea, onírica tan característica del cine silente, llamado en su época “el arte mundo”.

En aquellos días el cine había abolido las barreras del idioma. El humor, el peligro, los pensamientos secretos, la pasión, el pesar… todo se expresaba a través de la imagen en movimiento; las películas más importantes contaban con su propia partitura. Cuando el genio alemán Murnau realizó Amanecer (EUA,1927) utilizó el innovador sistema de sonido sincronizado Movietone para la música y los efectos sonoros, no para los diálogos. Así logró expresar el tema de su relato: “Una historia que acaece en todas partes y en ninguna en particular”.

Los cineastas modernos recuperan esa virtud de la era silente cuando suprimen las voces para dejar en acción solamente a la imagen cinética y la música. Inesperado establece así la empatía con el padre y el hijo que se sumen en su duelo sin nadie más a su alrededor; al mismo tiempo, las variaciones de Dios nunca muere envuelven toda la acción en una atmósfera de nostalgia.

Jorge Alberto Zorrilla no deja nunca al público en la desesperanza; Inesperado se resuelve eficazmente con un desenlace sorpresivo, cuyo protagonista es la gente y la comunidad.

“La cámara es psíquica”, explicó Lillian Gishe Inesperado aplica ese principio para transmitir un mensaje necesario en esta era de confusiones y extravíos.

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